Tesjuate
Tesjuate: tradición ganadera, tenerías y memoria rural en el corazón del barranco de Río Cabras
Una aproximación a la larga duración histórica de un pueblo majorero
Tesjuate es un pequeño caserío del municipio de Puerto del Rosario que se asienta en el entorno de las fértiles tierras configuradas por el paso del barranco de Río Cabras, el más largo de Fuerteventura, con sus casi 16 kilómetros de longitud. Este enclave, tradicionalmente vinculado a la ganadería caprina, a la recolección de barrilla y a la agricultura de cereales —especialmente de cebada—, representa un testimonio vivo de la adaptación humana a un medio árido pero privilegiado por la presencia permanente de agua.
El barranco de Río Cabras: un eje vital desde la prehistoria
El barranco de Río Cabras nace en las faldas de la montaña de Tao y desemboca entre Playa Blanca y el aeropuerto, atravesando los pueblos de Casillas del Ángel y Tesjuate. Es el barranco más largo de todos los de Fuerteventura y uno de los pocos lugares de la isla donde mana el agua constantemente durante todo el año.
Importancia en época prehispánica
Por su carácter perenne, el barranco se convirtió desde la época prehispánica en un enclave fundamental para los antiguos pobladores de la isla, los mahos. En su entorno se encuentran importantes asentamientos aborígenes, como el de los Lomos de Lesques o el situado en un cuchillete en el lado derecho del barranco. También hay grabados rupestres en diversos paneles, tanto en las paredes como cerca de la desembocadura, testimonio de la presencia y significación simbólica de este lugar para las comunidades indígenas.
La fuente de Río Cabras: un bien realengo
Tras la conquista y la repoblación de Fuerteventura por nuevos colonos en el siglo XVI, las fuentes de Río Cabras siguieron siendo fundamentales para la vida de la isla. La mayor de ellas se convirtió en una fuente pública de uso general o de realengo, que debía ser limpiada periódicamente por los vecinos de Fuerteventura.
Los acuerdos del Cabildo insular recogen numerosas disposiciones relacionadas con esta fuente, lo que demuestra su importancia estratégica:
- 20 de marzo de 1606: se acordó que todos los vecinos de la isla limpiaran la fuente de Río Cabras el día 13 de abril, bajo pena de 4 reales a quien faltase.
- 17 de marzo de 1610: se prohibió lavar ropa en las fuentes del pueblo, incluyendo explícitamente la de Río Cabras, para evitar su contaminación y deterioro.
- 28 de junio de 1613: se denunció que los vecinos estaban dando de beber a sus camellas y ovejas en las fuentes de Río Cabras y Esquinzo, en contra de la costumbre inmemorial y las ordenanzas de la isla, causando gran perjuicio a las vacas, yeguas y ganado cabrío. Se establecieron multas progresivas: 12 reales la primera vez, el doble la segunda y 1.000 maravedíes la tercera.
La fuente llegó a ser tan caudalosa que en 1615 se construyó una infraestructura hidráulica que incluía:
- Un abrevadero o caja para camellos y ovejas
- Otro abrevadero para vacas, yeguas y cabras
- Una zona para lavado de ropa
- Una zona para recoger agua destinada al consumo humano
El acuerdo especificaba que la fuente era «realenga y común a todos», y que tenía parte señalada para el ganado cabrío (la caja arrimada al risco) y para el ganado camellar (la caja de la piedra), reservándose el resto para vacas, yeguas y demás ganado, con exclusión de los puercos.
Con el tiempo, la fuente de Río Cabras dejó de usarse y sus cajas fueron desmanteladas. Actualmente, el manantial no tiene ninguna construcción asociada y se encuentra rodeado de cañas, juncos y tarajales frondosos.
La presa del barranco de Río Cabras
A un par de kilómetros de la desembocadura del barranco se encuentra una pequeña presa construida en los años 60 del siglo XX, con una capacidad original para almacenar unos 1,2 hectómetros cúbicos de agua. Este embalse quedó pronto colmatado por las tierras arrastradas por las lluvias torrenciales, pero su presencia testimonia los intentos modernos de aprovechar los recursos hídricos de este barranco excepcional.
Valor ecológico actual
En la actualidad, el barranco de Río Cabras alberga un ecosistema de gran valor. Las numerosas charcas que se forman en su cauce constituyen hábitat de cría para varias especies de aves acuáticas, y también son utilizadas por aves invernantes y de paso. Las paredes del barranco ofrecen lugares de cría para rapaces.
En el cauce crían parejas de chorlitejo chico, andarríos grande, andarríos chico y tarros canelos. En las paredes nidifican parejas de ratonero común, lechuzas, palomas bravías y vencejos unicolores. Entre los tarajales no es difícil observar herrerillos y currucas cabecinegras.
Las tenerías de Tesjuate: una industria vinculada al agua
Debido a que el barranco de Río Cabras era el más caudaloso de la isla, en sus inmediaciones se establecieron varias tenerías, instalaciones dedicadas al curtido de pieles. Esta industria, que requería abundante agua para los procesos de limpieza y tratamiento de las pieles, encontró en Tesjuate y su entorno las condiciones ideales para su desarrollo.
La presencia de estas tenerías añade una capa más a la identidad productiva de Tesjuate, que combinaba la ganadería caprina (fuente de las pieles), la agricultura de cereales y la recolección de barrilla (utilizada para la producción de sosa, necesaria en el curtido y en otros procesos industriales).
Toponimia: el origen del nombre Tesjuate
El nombre de esta localidad nunca ha estado claro desde sus inicios. Según Marcial Morera, catedrático de Filología Española de la Universidad de La Laguna, Tejuates proviene de la forma majorera Tiggaten, un vocablo de origen amazige (bereber) compuesto por el artículo femenino plural «ti» y el sustantivo plural «gatten», que significa ‘cabras’.
El caserío ha sido conocido históricamente como Teguate o Tejuate, también terminado en «s». El topónimo actual de Tesjuate se adoptó por un error del MOP (Ministerio de Obras Públicas) en la señalética, consolidándose a partir de entonces.
Las primeras referencias documentadas de «Teguate» aparecen en mapas cartográficos franceses de la segunda mitad del siglo XVIII. En el informe realizado en 1772 para el Archivo General de Simancas, se nombra a esta pedanía como Tejuacén, señalando que contaba en aquel entonces con 11 vecinos.
La consolidación religiosa y parroquial
En 1787 se iniciaron los Beneficiados parroquiales independientes de Fuerteventura. En ese mismo año, la parroquia de Tuineje empezó a ser Beneficiado independiente, al mismo tiempo que la de Antigua y Casillas del Ángel, de la que dependía eclesiásticamente Tesjuate.
Emigración a América y la estafa de Francisco Morales
Las duras condiciones de vida de Fuerteventura, unidas a un acusado declive de la economía, hicieron que en la primera mitad del siglo XIX emigraran muchos majoreros a Las Américas. Los más conocidos de esta época fueron Fray Andresito (natural de La Ampuyenta) y el Doctor Mena (también de La Ampuyenta), pero también huyeron familias de Tesjuate que malvendieron sus tierras para intentar sobrevivir lejos de donde nacieron.
En la década de los años 30 del siglo XIX apareció en Fuerteventura Francisco Morales, que organizó expediciones clandestinas en el bergantín «Gloria» para llevar a cientos de majoreros y conejeros a la República del Río de la Plata. Morales se quedaba con las posesiones de estas personas como pago del pasaje a la América española. Muchos majoreros, algunos de Tesjuate, se quedaron sin embarcar y sin tierras, ya que Francisco Morales las había vendido, tal como atestiguan las diferentes denuncias y documentos del Archivo Histórico.
Los viajeros románticos y la mirada de Olivia Stone
En la segunda mitad del siglo XIX se incrementó la llegada a Fuerteventura de los viajeros románticos, provenientes principalmente de Inglaterra y Francia. Estos viajeros dejaron numerosos escritos relacionados con la forma de vida de la isla. Entre los más destacados se encuentran George Glas, José de Viera y Clavijo, Sabin Berthelot, Barker Webb, Olivia Stone y René Verneau.
Olivia Stone escribió en 1884 esta descripción de Tesjuate (al que ella llamó Teguate):
«A nuestros pies, mientras nuestro camello avanzaba con suavidad, había una brillante alfombra de flores moradas, blancas, amarillas y naranjas; manchas de delicadas y cremosas margaritas, con centros de oro (…) «un todo armonioso». En un lecho fluvial de baja altura, nos sorprendió ver en esta agua sedienta que se filtraba a lo largo, el Río Cabras; sin embargo, es, ¡ay!, amargo.
Empezamos a conocer a los campesinos a medida que avanzábamos por la meseta hacia algunas casas. Un hombre, conduciendo un burro delante de él, llevaba unos pantalones de rayas azules y una chaqueta azul oscura. Caminamos por el barranco por debajo de Teguate cubierto de chozas de barro.
Una palmera solitaria adorna la aldea. Hay tres pozos, cuyo agua, aunque ligeramente salobre, se utiliza.
Dos pilares redondos y cimentados se encuentran sobre una de las riberas del río; una cruz se erige sobre cada uno.
Las casas de Teguate se adentran al lado del barranco, hasta cerca de las más grandes e importantes de Casillas del Ángel. Este pueblo es apenas discernible a corta distancia. Las casas bajas de una sola planta se construyen enteramente de barro, o bien de piedras sueltas y barro, usando la tierra circundante para este propósito.»
Las cruces de Tesjuate: tradición y memoria
Las cruces a las que se refiere Olivia Stone son las que se encuentran junto a la Escuela Unitaria. Según la tradición popular, las cruces fueron erigidas en memoria de un sacerdote y un monaguillo que, siendo reclamados para dar la extremaunción a un anciano de la zona, murieron ahogados en el lugar al ser arrastrados por las aguas del barranco cuando intentaron cruzarlo en un día de lluvias torrenciales.
Los habitantes de Tesjuate han recuperado la costumbre de enramar las cruces con flores la víspera del 3 de mayo, Día de la Cruz. Esta tradición, profundamente arraigada en la comunidad, conecta la memoria histórica del pueblo con el calendario festivo y religioso.
La sociedad La Esperanza y la canalización del agua
En 1894 se creó la sociedad La Esperanza para aprovechar el agua del barranco de Río Cabras, que brotaba espontáneamente hasta la superficie a la altura de Tesjuate. Desde allí, el agua se canalizaba mediante atarjeas hasta el entonces Puerto Cabras (actual Puerto del Rosario), pasando previamente por algunas fincas.
Esta ingeniosa obra de canalización se dividía en dos ramales:
- Uno llegaba hasta la plaza de la iglesia para regar los árboles
- Otro llegaba hasta un bosquecillo de tarajales que se había creado por debajo del cementerio viejo
Esta iniciativa demuestra la importancia estratégica de las aguas de Tesjuate para el abastecimiento de la capital insular.
El caserío en la actualidad: arquitectura y modo de vida
El caserío de Tesjuate mantiene la estampa de los pueblos tradicionales majoreros. Las casas bajas de una sola planta, construidas con piedra y barro, se adentran a lo largo del barranco. Una palmera solitaria, ya mencionada por Olivia Stone en 1884, sigue siendo un elemento emblemático del paisaje del pueblo.
Durante un recorrido por Tesjuate se puede disfrutar de la tranquilidad que da la tierra majorera por estos lares. Todavía es posible coincidir con pastores como Juan Pérez, que baja por el barranco con sus cabras y su fiel bardino, manteniendo viva una tradición milenaria.
Las fiestas de Tesjuate
Tesjuate celebra sus fiestas el primer domingo de mayo, una fecha que marca el inicio de la primavera y que coincide con la tradición del Día de la Cruz. Estas fiestas congregan a vecinos y visitantes en torno a actividades religiosas, culturales y lúdicas que refuerzan la identidad comunitaria del pueblo.
Adscripción administrativa
Tesjuate perteneció al extinto municipio de Casillas del Ángel hasta 1926, año en que se agregó al municipio de Puerto de Cabras, hoy Puerto del Rosario, tras la reorganización administrativa que supuso la disolución del municipio de Casillas del Ángel.
Continuidad histórica y memoria del territorio
Tesjuate representa un ejemplo excepcional de continuidad histórica en Fuerteventura. La presencia del agua en el barranco de Río Cabras ha sido el factor determinante que ha permitido el asentamiento humano en este enclave desde la época prehispánica hasta nuestros días.
Los vestigios aborígenes de Los Lomos de Lesques y los grabados rupestres testimonian la importancia del lugar para los mahos. Las fuentes de Río Cabras, gestionadas como bien realengo durante siglos, fueron objeto de una sofisticada regulación que demuestra el valor estratégico del agua en una isla árida. Las tenerías, la agricultura de cereales y la ganadería caprina configuraron una economía diversificada y adaptada al medio.
La emigración a América, con sus luces y sombras —incluyendo la trágica estafa de Francisco Morales—, conecta Tesjuate con la historia más amplia de la diáspora canaria. Los viajeros románticos, especialmente Olivia Stone, dejaron un testimonio invaluable del paisaje y las gentes de Tesjuate en el siglo XIX. Y las tradiciones vivas, como el enrame de las cruces el 3 de mayo, mantienen la memoria colectiva y el arraigo comunitario.
En su caserío humilde, en sus cruces centenarias, en su barranco donde aún mana el agua, en las charcas que albergan aves, en la palmera solitaria y en la memoria de sus gentes, Tesjuate continúa escribiendo su historia. Una historia que comenzó mucho antes de que los europeos pusieran pie en la isla y que, transformada pero no extinguida, sigue viva en el corazón del barranco más largo y generoso de Fuerteventura.
