Tesjuate
Tesjuate es uno de esos caseríos del interior de Fuerteventura donde el paisaje, la historia y la tradición siguen dialogando en silencio. Perteneciente al municipio de Puerto del Rosario, el pueblo se asienta en el entorno fértil que va dibujando el Barranco de Río Cabras, un eje natural que ha condicionado durante siglos la vida económica y social de esta zona de la isla.
Un territorio ligado al agua, la tierra y el ganado
Desde sus orígenes, Tesjuate ha estado profundamente vinculado a la ganadería caprina, la agricultura cerealista, especialmente de cebada, y a la recolección de barrilla, una planta fundamental para la producción de sosa en épocas pasadas. La presencia del Barranco de Río Cabras, considerado históricamente uno de los más caudalosos de Fuerteventura, propició además la instalación de tenerías dedicadas al curtido de pieles, una actividad hoy desaparecida pero clave en la economía tradicional del lugar.
Primeras referencias históricas
Las primeras menciones documentales de Tesjuate aparecen en la cartografía francesa de la segunda mitad del siglo XVIII, donde se cita bajo el nombre de Teguate. En un informe de 1772, elaborado para el Archivo General de Simancas, el núcleo aparece referido como Tejuacén, con una población de apenas once vecinos, reflejo de un poblamiento pequeño pero ya consolidado.
En 1787, con la reorganización eclesiástica de la isla y la creación de los beneficiados parroquiales independientes, Tesjuate quedó integrado en el Beneficio de Casillas del Ángel, junto a otros pagos históricos como Tefía, La Ampuyenta, Llanos de la Concepción o Triquivijate, lo que confirma su importancia dentro del entramado rural de la antigua Herbania.
Emigración y tiempos difíciles
La dureza de la vida en Fuerteventura y el declive económico del siglo XIX provocaron una intensa emigración hacia América. Tesjuate no fue ajeno a este fenómeno. Familias enteras vendieron sus tierras en condiciones desfavorables para intentar sobrevivir al otro lado del Atlántico. Algunos nunca llegaron a embarcar, víctimas de engaños y abusos, perdiendo tanto sus propiedades como la oportunidad de emigrar.
Documentos históricos recogen operaciones de compraventa de tierras en Tesjuate vinculadas a estas expediciones clandestinas hacia el Río de la Plata, un episodio oscuro que marcó profundamente la memoria colectiva de muchos pueblos del interior majorero.
Tesjuate a través de los viajeros románticos
Durante la segunda mitad del siglo XIX, Fuerteventura comenzó a ser visitada por viajeros románticos europeos. Entre ellos destacó Olivia Stone, quien dejó una valiosa descripción de Tesjuate en 1884. En sus escritos habla de un paisaje sorprendentemente florido, del cauce del Río Cabras, de casas humildes construidas con barro y piedra, y de una vida campesina austera pero profundamente ligada al entorno.
Stone menciona también la existencia de tres pozos, de agua ligeramente salobre, y de dos cruces situadas junto al barranco, elementos que aún hoy forman parte del imaginario y la tradición local.
Las Cruces de Tesjuate y la tradición popular
Según la tradición oral, estas cruces recuerdan la muerte de un sacerdote y un monaguillo que fueron arrastrados por una riada cuando acudían a administrar la extremaunción. Cada víspera del Día de la Cruz, el 3 de mayo, los vecinos recuperan la antigua costumbre de enramarlas con flores, ramas de tarajal, especieros y hojas de palmera, manteniendo viva una de las tradiciones más emotivas del pueblo.
El agua como motor de cambio
En 1894 se creó la sociedad La Esperanza, con el objetivo de aprovechar las aguas del Barranco de Río Cabras a la altura de Tesjuate. Desde allí se canalizaban mediante atarjeas hasta el entonces Puerto Cabras, abasteciendo fincas, la plaza de la iglesia y zonas ajardinadas cercanas al antiguo cementerio. Este proyecto subraya la importancia estratégica de Tesjuate como enclave hídrico en una isla marcada por la escasez de agua.
El nombre de Tesjuate
La toponimia del pueblo ha sido motivo de debate durante siglos. Según el filólogo Marcial Morera, el origen estaría en el término amazige Tiggaten, formado por ti (artículo femenino plural) y gatten (cabras), lo que refuerza la histórica relación del lugar con el pastoreo. La forma actual Tesjuate se consolidó por un error administrativo en la señalética, sustituyendo a las variantes antiguas Teguate o Tejuate.
Tesjuate hoy
Hoy, Tesjuate sigue siendo un pueblo tranquilo, de gentes sencillas, donde el paisaje rural, el silencio y la memoria histórica conviven con la vida cotidiana. El paso de los pastores por el barranco, acompañados de sus rebaños y perros bardinos, sigue siendo una escena habitual, recordando que la esencia del lugar permanece intacta.
Tesjuate no se visita con prisas. Se recorre despacio, se escucha y se siente. Es uno de esos rincones donde Fuerteventura se muestra tal como es: austera, profunda y auténtica, con una historia que merece ser contada y preservada.
