El Time
El Time: historia viva y un enclave entre barrancos
El pueblo de El Time se asienta en un paisaje de casas dispersas a casi 300 metros de altitud, encajado entre los barrancos de la Herradura y Valhondo, en el municipio de Puerto del Rosario. Su ubicación no es casual: los primeros pobladores, tras la conquista normanda, buscaron refugio en los valles interiores, alejados de las costas, para protegerse de los temidos ataques de corsarios y piratas berberiscos que asolaban el litoral.
El nombre del pueblo conserva la memoria de aquellos primeros habitantes, pues “Time” es la españolización del vocablo aborigen temi, presente en las lenguas amaziges del norte de África, que significa “risco alto, acantilado, extremo o linde”, una descripción perfecta de su emplazamiento.
Origen y consolidación del caserío
Aunque los principales núcleos de población tras la conquista fueron Betancuria, Valle de Santa Inés o La Oliva, alrededor de estos fueron surgiendo pequeños caseríos al abrigo de los terrenos más fértiles. Este es el caso de El Time, cuyo asentamiento permanente, vinculado al municipio de Tetir, se consolida en los primeros años del siglo XVII.
La primera vez que aparece en los acuerdos del Cabildo es en 1620, mencionado como “Letime”, cuando se insta a los vecinos a retirar el ganado de las vegas para proteger los sembrados. En documentos posteriores de 1654 ya se cita con su nombre actual, ordenando a sus habitantes la limpieza de la Fuente de Río Cabras.
Economía tradicional y organización social
La vida en El Time ha estado tradicionalmente ligada al aprovechamiento de los recursos del campo. Sus gentes se dedicaron a la ganadería caprina, a la recolección de barrilla y orchilla para su comercialización y a una agricultura de secano, que hizo famosa la producción de higos secos en este lugar.
Durante el siglo XVIII, el caserío llegó a tener unos 40 habitantes y cierta relevancia administrativa, pues algunos de sus vecinos eran nombrados administradores de los pósitos (granos almacenados para prestar a los agricultores), un cargo de confianza que se renovaba anualmente.
El Time perteneció al municipio de Tetir hasta 1925, momento en el que pasó a formar parte del recién ampliado término de Puerto Cabras, actual Puerto del Rosario.
Descripción de El Time según el Diccionario geográfico-estadístico de España y sus posesiones de Ultramar de Pascual Madoz (1849)
Pago dependiente del ayuntamiento y parroquia de Tetir, en la isla de Fuerteventura, en la provincia de Canarias, partido judicial de Teguise.
Situado en un terreno calizo y de poca profundidad, el cual produce en años lluviosos trigo, cebada y barrilla en bastante cantidad, pero nada en los que hay escasez de agua. Se cría alguna cochinilla, aunque mucha menos de la que podía, por ser su suelo propio para tuneras.
En este pago, como casi en todos los de la isla, si se recogiesen las aguas de lluvia nivelando el terreno y haciéndolo inundar, se asegurarían las cosechas. Se cultivan algunos árboles, que no prosperan, ya porque sus naturales se dedican poco al trabajo, ya porque les falta la debida protección por parte de los propietarios, o porque los ganados todo lo talan y destruyen.
Tiene una ermita dedicada a Nuestra Señora de las Mercedes, en la que se dice misa todos los días festivos, pagada por la vecindad. Industria: algún telar de lino y lana, cuyo lienzo y ropa gastan para su uso los habitantes.
La Ermita de Nuestra Señora de la Merced
Dada la antigüedad de su poblamiento, El Time conserva un apreciable patrimonio. Además de algunas casas señoriales de gran valor, el corazón del pueblo es la Ermita de Nuestra Señora de la Merced, edificada durante el siglo XVII por dotación del vecino Manuel de la Trinidad, quien solicitó licencia en 1670. Para 1674 ya estaba terminada y dotada para el culto.
Esta ermita es una de las tres en Fuerteventura que, sin ser parroquia, tiene una capilla mayor de mayor volumen que la nave. Su espadaña de cantería roja muestra la inscripción “Año 1909”, probablemente cuando se colocó la campana traída desde Cuba por vecinos del lugar retornados.
La imagen actual de la Virgen no es la original, sino una adquirida entre 1724 y 1741, y su devoción, vinculada a la redención de cautivos, cobraba especial sentido en una isla tan expuesta a los desembarcos piratas.
En 1758 se fundó la Cofradía de La Merced, que celebraba dos fiestas consecutivas cada 24 y 25 de septiembre, tradición que perduró hasta el siglo XX.
El legado de Felipe Ruiz: Felipito
Uno de los testimonios más impresionantes de la lucha del majorero por dominar el territorio se encuentra en el Llano del Triguero, muy cerca del núcleo poblacional de El Time. Allí se ubica la antigua finca de Felipe Ruiz, conocido como Felipito.
Este agricultor empleó todos sus esfuerzos en levantar una compleja infraestructura de piedra seca para hacer frente a un suelo ocupado por roca caliza y a los vientos dominantes. Obsesionado con aprovechar las escasas lluvias, construyó muros de gran grosor, algunos de más de tres metros de altura, corrales de piedra caliza para protegerse del viento y un ingenioso sistema de tornas, desagües y caños para encauzar la escorrentía del agua hasta sus gavias.
Hoy su vivienda —una modesta construcción de piedra de tres habitaciones y un sobrado— y toda la finca han sido restauradas por el Cabildo de Fuerteventura, reabriendo sus puertas en octubre de 2021 como área recreativa.
El espacio, que cuenta con barbacoas, merenderos techados, parque infantil y pistas de bola canaria, permite a los visitantes pasear entre las paredes y socos de Felipito, comprendiendo cómo era la vida campesina y admirando el ingenio de un hombre que transformó la piedra en su mayor aliado.
Actualidad y valor patrimonial
Con el paso de los años, la escasa rentabilidad de los cultivos tradicionales y el auge del sector turístico llevaron al abandono de muchas tierras de labor.
Sin embargo, El Time mantiene su esencia y su valor paisajístico, donde la naturaleza y la acción del hombre han configurado un entorno agrícola de gran belleza. Hoy, lugares como el área recreativa de Felipito permiten disfrutar de este valle, mientras que su ermita y sus antiguas casas siguen siendo testigos mudos de la historia majorera.
Un paisaje que recuerda cómo se forjó la vida en el interior de la isla, al abrigo de los riscos y del temor al mar.



