Centro de Interpretación de los Hornos de Cal
Centro de Interpretación de los Hornos de Cal
Memoria industrial y patrimonio en Puerto del Rosario
Un espacio para recuperar la memoria industrial
El Centro de Interpretación de los Hornos de Cal es un espacio cultural y museístico único en Puerto del Rosario, ubicado en el barrio de El Charco. Inaugurado en su versión rehabilitada en septiembre de 2024, este centro invita a conocer una de las actividades económicas más relevantes de la historia insular: la producción tradicional de cal. Albergando también la Oficina de Turismo de la ciudad, se ha convertido en un punto de encuentro entre pasado y presente, poniendo en valor un patrimonio industrial fundamental para entender el desarrollo social, económico y urbano de la capital majorera.
¿Qué es la cal y cómo se produce?
La cal se obtiene principalmente mediante la combustión de la piedra de caliche (carbonato cálcico, CaCO₃) en un horno. El proceso, similar en hornos artesanales e industriales, consiste en calentar la piedra entre 800 ºC y 1000 ºC durante varios días, obteniendo así la cal viva (óxido de calcio, CaO). Tras la cocción, se añade agua para obtener la cal apagada (hidróxido de calcio, Ca(OH)₂), que puede ser de color blanco o grisáceo. La cal gris, contaminada por cenizas, se usa para enfoscar paredes y aljibes; la cal blanca, más pura, se emplea para albear (blanquear) y otros usos más finos.
Los hornos tradicionales de Fuerteventura tienen forma troncocónica, con una abertura superior para cargar piedra y combustible, y una puerta inferior para ventilar y extraer la cal cocida. No suelen superar los ocho metros de altura por cuatro de ancho. La puerta se orienta en dirección contraria a los vientos dominantes para controlar la combustión.
Una industria centenaria en Fuerteventura
Fuerteventura es especialmente rica en caliche, por lo que desde antiguo la producción de cal fue una actividad económica clave. Existen noticias históricas que se remontan a 1560, cuando el Cabildo de La Palma ordenó comprar piedra de cal llegada de Fuerteventura. En los Acuerdos del Cabildo majorero de 1662, ante la sequía y la ruina de las cosechas, se acordó cerrar la saca de trigo y cebada, permitiendo que los barcos cargaran solamente ganados y piedra de cal.
Durante los siglos XVI, XVII, XVIII y buena parte del XIX, los principales embarcaderos de salida de la cal eran El Tostón (norte), Caleta de Fuste (este) y La Peña (oeste), controlados por la administración política y militar de la isla. Más tarde, con la mejora de los puertos naturales, proliferaron hornos en prácticamente todas las calas que permitían el abrigo de los barcos: Ajuy, Los Estancos, Parque Holandés, La Torre, La Guirra, Puerto del Rosario, La Hondurilla, entre otros.
La importancia económica de la cal
La industria de la cal alivió durante siglos las crisis de la economía majorera, al necesitar numerosos trabajadores y no depender de la climatología como la producción cerealista. La cal constituyó la actividad industrial de Fuerteventura por excelencia, destinada fundamentalmente a la construcción.
Los usos de la cal eran múltiples y esenciales en la vida cotidiana:
- Construcción y encalado de viviendas
- Higiene de espacios domésticos
- Preparación de morteros para obra pública
- Impermeabilización de aljibes y cisternas
- Desinfectante de aljibes y repelente de insectos y mosquitos
La cal majorera se exportaba a otras islas, a Madeira e incluso a la península ibérica. Siempre se transportaba ya apagada para evitar su reacción química al contacto con el agua, sobre todo en los barcos de madera.
El apogeo: Puerto del Rosario como «Puerto de la Cal»
La mayor demanda de cal majorera se produjo entre finales del siglo XIX y principios del XX, coincidiendo con grandes obras de infraestructura en Tenerife y Gran Canaria —el Puerto de la Luz, presas de mampostería, acequias y estanques—. El ingeniero Juan de León y Castillo señalaba la importancia de la cal majorera para aquellos morteros resistentes.
Pero fue a caballo entre los siglos XIX y XX, y especialmente durante el franquismo en las décadas de 1950 a 1970, cuando la industria alcanzó su máxima expansión. En ese periodo surgieron empresas que construyeron verdaderas fábricas, con hornos de mayor empaque, rampas, tinglados, raíles y vagonetas. Puerto de Cabras se convirtió entonces en el «Puerto de la Cal», gracias a dos ventajas decisivas:
- Contaba con el primer muelle de la isla (inaugurado el 7 de octubre de 1894)
- Desde 1877, las arcas municipales gravaban las operaciones de carga y descarga, lo que permitió al Ayuntamiento beneficiarse del auge exportador
La «carga blanca» —piedra de cal y sus derivados— fue la mercancía mayoritaria que salía por el muelle. Al mismo tiempo, llegaban los carboneros con antracita del Reino Unido o hulla peninsular para alimentar los hornos.
El trabajo en los hornos: dureza y dignidad
El proceso era agotador. Tras elegir una cantera, se procedía a la «flojera»: desprender bloques de caliche con picos, cuñas, martillos y barrenas. Con las mandarrias (martillos grandes) y el martillo pedrero, se reducían a lascas de unos 15 cm de grosor. El material se transportaba en cestas de unos 10 kilos, a hombros de trabajadores o con burros y mulas, hasta la abertura superior del horno.
En el horno se intercalaban capas de piedra y de combustible (madera, aulagas secas, carbón). Se iniciaba la ignición y el fuego iba transmitiéndose durante días. La cocción finalizaba cuando el humo se volvía blanco. La estiba de la cal en las bodegas de los barcos era uno de los trabajos más duros.
Para muchos vecinos, recordar aquellos tiempos evoca la dureza del trabajo en la isla. Como escribió Juan de Vera Chocho: «fuimos, somos y seremos esclavos, aunque ahora sirvamos con chaqueta y corbata». Pero también fue una fuente de ingresos para familias humildes, que complementaban su economía arrancando piedra o recogiendo aulagas para la combustión.
Declive y fin de una era
La industria de la cal sucumbió ante la pujanza del cemento en la década de 1970. En 1974, don Manuel Castañeyra Schamann derribaba las oficinas de la empresa Hornos de Cal Risco Prieto, cerrando una etapa económica. Casi al mismo tiempo se retiraron otros industriales como don Federico (el «Rey de la Cal») o don Jacinto Lorenzo, cuyos hornos en El Charco apenas duraron veinte años.
Con ellos se cerraba una página de la historia local. Sin embargo, la memoria colectiva merece conocer aquella etapa con respeto a los antepasados que trabajaron duramente para sacar adelante la isla.
El centro de interpretación hoy
El museo se ubica en algunos de los hornos originales restaurados del barrio de El Charco. La rehabilitación ha armonizado la arquitectura industrial original con un espacio museístico contemporáneo. Los visitantes pueden recorrer:
- Los hornos auténticos
- Una exposición didáctica sobre el proceso completo de elaboración de la cal
- Paneles explicativos, reproducciones de herramientas tradicionales y materiales audiovisuales
Desde su reapertura en septiembre de 2024, el centro también alberga la Oficina de Turismo de Puerto del Rosario, reforzando su papel como punto de información y referencia para quienes desean profundizar en la cultura insular.
Un legado para comprender Fuerteventura
Visitar el Centro de Interpretación de los Hornos de Cal permite comprender cómo una actividad tradicional, aparentemente modesta, fue durante siglos un motor económico clave para la isla y reflejo de la capacidad de adaptación de su población. Este patrimonio industrial ofrece una lectura histórica de la economía majorera y sirve como puente para entender la transformación de Fuerteventura desde una sociedad agraria y artesanal hacia una economía diversificada y conectada con el exterior.
Lamentablemente, solo los hornos de La Guirra (municipio de Antigua) han merecido protección legal por la Ley de Patrimonio Histórico de Canarias. Por eso, la apertura de este centro en Puerto del Rosario es especialmente relevante: supone una defensa de elementos patrimoniales de indudable valor histórico y etnográfico que, durante demasiado tiempo, carecieron de un museo o centro de interpretación digno de la isla de la piedra de cal y el yeso.




