Pueblo de La Matilla
LA MATILLA: PUEBLO DEL INTERIOR CON GRAN ARRAIGO A LA CULTURA ABORIGEN
La Matilla es un núcleo rural del municipio de Puerto del Rosario situado en el interior de Fuerteventura, al norte del pueblo de Tetir, entre dos de las montañas más altas de la isla, La Muda y el Aceitunal. Su configuración responde al modelo de poblamiento disperso que se consolidó en la isla tras la conquista europea iniciada a comienzos del siglo XV por Jean de Béthencourt y Gadifer de La Salle.
Antes de ese proceso, el territorio insular estaba habitado por los mahos, cuya economía se sustentaba principalmente en la ganadería. El espacio donde hoy se asienta La Matilla formaba parte del amplio territorio utilizado para el pastoreo y el aprovechamiento de recursos naturales, dentro de una organización adaptada a las condiciones climáticas de la isla. Los numerosos restos arqueológicos que se encuentran en esta zona dan a entender la importancia que tuvo este lugar para los antiguos pobladores.
ORIGEN Y DESARROLLO DEL NÚCLEO
Tras la implantación del régimen señorial, la isla fue estructurándose en pagos rurales vinculados a la agricultura de secano y al pastoreo. La Matilla se consolidó como uno de estos asentamientos interiores, donde la combinación de pequeñas parcelas cultivables y amplias zonas de pasto permitió el desarrollo de una economía de subsistencia basada en el cereal y el ganado caprino.
El topónimo “La Matilla” parece vincularse a la presencia de vegetación arbustiva —“mata” o “matilla”—, una referencia habitual en la toponimia tradicional para describir características del paisaje. No obstante, como ocurre con muchos nombres históricos, su origen exacto no está documentado en fuentes escritas tempranas.
La Matilla perteneció al Curato de La Oliva; sin embargo, tras la visita del Obispo Tavira a finales del siglo XVIII, quedó integrada en el Curato de Tetir. En 1925, tanto La Matilla como los otros pueblos del ayuntamiento de Tetir se incorporaron al Ayuntamiento de Puerto Cabras, actual Puerto del Rosario.
LA MONTAÑA DE LA MUDA: UN LEGADO SAGRADO EN EL CORAZÓN DE FUERTEVENTURA
Considerada uno de los rincones con más solera de Fuerteventura, la Montaña de la Muda se alza como un testigo mudo de la historia de la isla. Mucho antes de la llegada de los primeros europeos a Maxorata, este lugar ya era un espacio venerado. Los expertos lo señalan, junto a la montaña de Tindaya, como un importante centro de rituales para los antiguos mahos, un enclave donde lo espiritual y lo terrenal se daban la mano.
Este paraje no es una simple montaña, sino un yacimiento arqueológico de primer orden. En él se han encontrado restos de asentamientos, un área para ceremonias y diversas tumbas, algunas en cuevas naturales y otras en pequeñas cistas de piedra. Además, cerca de sus manantiales han aparecido piezas de cerámica decorada anteriores a la conquista, así como grabados y otras construcciones que nos hablan de la vida de los aborígenes.
Su privilegiada ubicación, con vistas a las montañas de Tindaya y Quemada, su abundancia de agua y su papel como punto de vigilancia la convirtieron en un lugar fundamental. No es de extrañar que, ya en el siglo XV, los conquistadores la bautizaran con nombres tan reveladores como “Iglesia de los Majos” u “Oratorio de los antiguos majos”. La conexión de los majoreros con este lugar no terminó con la antigüedad; a finales de los años 80 del siglo pasado, la montaña fue el epicentro de una movilización social contra los planes militares para la zona.
Con sus 689 metros de altitud, la Muda es el techo del norte de Fuerteventura y el nacimiento del barranco de Valhondo. Está integrada en el Paisaje Protegido de Vallebrón, una formación geológica de gran belleza. A pesar de la escasez de lluvias típica de la isla, actúa como un imán para la humedad de los vientos alisios, generando un microclima que la convierte en un punto de gran riqueza hídrica.
Esta característica ha propiciado que, desde tiempos inmemoriales, se hayan desarrollado ingenios para aprovechar el agua, tanto subterránea como de lluvia. Prueba de ello son la docena de fuentes que salpican su entorno, como la Fuente de la Aceituna, Tagasote o las del Chupadero, cuyo cuidado y mantenimiento ya se recogían en actas del Cabildo del siglo XVII.
UN PASEO CON HISTORIA
Ascender a la cumbre, conocida como “La Mesa”, es toda una experiencia. Se puede acceder tanto por el sendero PR-FV 9, por la cara norte, como por una ruta más sugerente desde el sur. Este camino de unos dos kilómetros es un auténtico museo etnográfico al aire libre.
Comienza en la base con un “soco de pastor” y pequeñas “gateras” para el ganado. En la subida aparecen las tres fuentes del Chupadero, reforzadas con muros de piedra, y ya cerca de la cima, una era donde antaño se trillaba el cereal.
Desde lo alto de La Mesa, la vista es un espectáculo que abarca desde el Aceitunal y la Montaña de Tindaya hasta las vecinas islas de Lobos y Lanzarote. Pero el interés no es solo paisajístico. La ladera sur, más árida, está poblada por tabaibas y aulagas, mientras que la umbría norte alberga especies como tasaigos y turmeros, y sorprende con antiguos acebuches que parecen auténticos bonsáis naturales.
La fauna también tiene su protagonismo: el canto de la calandria, el vuelo del cernícalo y la siempre vigilante presencia de los cuervos son el perfecto contrapunto a un lugar donde la historia, la naturaleza y la espiritualidad se dan cita.
ARQUITECTURA Y CULTURA DEL AGUA
El paisaje de La Matilla conserva elementos característicos del sistema agrario majorero. Las gavias, destinadas a recoger el agua de lluvia mediante la retención de escorrentías, constituyen una muestra del ingenio desarrollado para hacer frente a la aridez del clima. Este sistema permitió durante siglos el cultivo de trigo y cebada en años favorables; sin embargo, sus suelos arcillosos no eran muy idóneos para la agricultura.
La arquitectura tradicional responde al patrón rural de la isla: viviendas terreras de mampostería, encaladas, de líneas sencillas y funcionales. Muchas de ellas se integran en pequeños conjuntos familiares, reflejo de una organización social basada en la cooperación vecinal y el trabajo comunitario.
Cabe destacar en el pueblo el Taro de Los Quintana, una construcción de planta circular cuyas paredes de piedras con barro entremezclado de paja y luego encaladas mantenían unas condiciones idóneas en el interior para la curación de carnes y quesos. Es uno de los pocos taros que quedan en pie del municipio.
LA MATILLA HOY: IDENTIDAD RURAL Y AUTENTICIDAD
En la actualidad, La Matilla conserva el carácter tranquilo de los antiguos pagos majoreros. Su valor no reside en grandes monumentos, sino en la continuidad de su paisaje cultural: caminos tradicionales, parcelas agrícolas, muros de piedra seca y viviendas que aún evocan la forma de vida vinculada al campo.
Para el visitante interesado en la historia y el territorio, La Matilla ofrece la oportunidad de comprender cómo se organizó la vida en el interior de Fuerteventura durante siglos. Es un lugar donde el paisaje habla de esfuerzo, adaptación y equilibrio con el medio, constituyendo una expresión auténtica de la identidad rural del municipio de Puerto del Rosario.
Sus fiestas patronales en honor a Ntra. Sra. del Socorro se celebran en agosto, cuyos actos religiosos se ofician en una de las ermitas con mayor valor cultural del municipio.

