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Casillas del Ángel

Cultura Templo

Casillas del Ángel: historia de un pueblo majorero con pasado municipal y herencia viva

Casillas del Ángel es una localidad cuyo origen se remonta a la organización territorial tras la conquista europea de Fuerteventura, iniciada por Jean de Béthencourt y Gadifer de La Salle a principios del siglo XV. Aunque la zona fue previamente utilizada para el pastoreo por los primeros habitantes de la isla, los mahos, no sería hasta después de la conquista cuando comenzaron a formarse pequeños núcleos rurales vinculados fundamentalmente a la ganadería caprina y a una agricultura de subsistencia, dentro del sistema de señoríos establecido.

El poblamiento de Casillas del Ángel se consolidó primero en torno a un asentamiento de modestas casas ubicadas en un paraje de tierras de cultivo y gavias junto a caminos que conectaban los distintos pagos del interior. Posteriormente aparecerían casas más señoriales que hoy forman parte del patrimonio arquitectónico del municipio. Este núcleo fue conocido inicialmente como “Las Casillas”.

Su nombre actual, Casillas del Ángel, proviene de la construcción de una pequeña ermita dedicada al Santo Ángel de la Guarda, erigida en el siglo XVII gracias a la donación de Doña Ana Rodríguez Sanabria y que aún conserva su imagen original. Este templo, junto con la posterior y más grande Iglesia Parroquial de Santa Ana (construida entre 1730 y 1781), convirtió al pueblo en un importante centro espiritual del norte de la isla durante siglos, al que acudían habitantes de otros pagos para celebraciones religiosas.

Sin embargo, la verdadera trascendencia histórica de Casillas del Ángel radica en su papel administrativo. En 1790 se erigió como parroquia y, en 1812, con la formación de su primera corporación municipal, se convirtió en uno de los municipios históricos de Fuerteventura. Su jurisdicción era una de las más extensas de la isla, abarcando numerosos pagos y caseríos como La Ampuyenta, Almácigo, Majadillas, Llanos de la Concepción o Tao, entre otros.

Su territorio se extendía por los mancomunes del sureste (lindando con Antigua) y del oeste (lindando con Betancuria y La Oliva), llegando incluso a las costas este y oeste, con los puertos de Tegurame y de Los Molinos.

Esta amplia demarcación no solo refleja su importancia geográfica y política, sino también el legado de la organización territorial aborigen, especialmente visible en la persistencia de la zona mancomunal en la costa oeste. Estos terrenos de uso colectivo, herederos de los mahos, han perdurado hasta nuestros días como espacios de pastoreo comunal.

Es precisamente en estos parajes donde se celebran las tradicionales apañadas, una práctica ganadera de origen aborigen que consiste en el arreo y recogida colectiva del ganado caprino que se encuentra en estado semisalvaje. Las apañadas no son solo una técnica de manejo del ganado, sino un verdadero testimonio vivo de la cultura maho, un ritual comunitario que ha sobrevivido a siglos de historia y que sigue reuniendo a pastores y vecinos, manteniendo viva la memoria ancestral del territorio y su uso compartido.

El estatus de municipio independiente se mantuvo durante más de un siglo, período en el que la localidad conservó una economía y una forma de vida marcadamente agraria y ganadera, profundamente vinculada a prácticas como las apañadas. La vida giraba en torno al pastoreo de cabras, la elaboración artesanal del queso majorero, el cultivo mediante el sistema tradicional de gavias para captar agua de lluvia y una arquitectura rural de casas bajas de piedra encalada, junto a algunas más señoriales de varias plantas, entre las que destaca la casa de los Rugama.

Sin embargo, las sequías recurrentes y la emigración, especialmente durante los siglos XIX y XX, limitaron su crecimiento demográfico y económico.

En 1849, en el decimocuarto volumen del Diccionario geográfico-estadístico de España y sus posesiones de Ultramar de Pascual Madoz, el lugar se describe como un fértil valle que disfruta de buena ventilación y clima saludable. Contaba con una escuela de primeras letras a la que asistían 17 discípulos y con la iglesia parroquial de Santa Ana. Según la obra, el territorio producía trigo, cebada, barrilla, patatas y algo de cochinilla, cuya cosecha podría aumentarse; criaba ganado lanar y cabrío, y practicaba caza y pesca de algunas clases. La industria y el comercio quedaban reducidos al tejido de telas de lana con hilo y al intercambio de algunas de sus producciones.

La primera ermita: Ángel de la Guarda

Antes de la construcción de la actual parroquia, la vida espiritual de los primeros pobladores de “Casillas” y sus alrededores se organizaba en torno a una ermita más antigua: la Ermita del Ángel de la Guarda.

Este primitivo templo, que hoy se conserva junto al actual cementerio de Casillas del Ángel, fue durante años el centro de devoción de los agricultores y ganaderos de la comarca, que acudían a ella para encomendar sus cosechas y solicitar protección. Esta ermita representa los orígenes mismos de la organización parroquial del territorio, antes de que Casillas del Ángel adquiriera la relevancia eclesiástica que más tarde alcanzaría.

La iglesia de Santa Ana: arquitectura y legado histórico-cultural

La Iglesia de Santa Ana es un templo del siglo XVIII que surgió en el contexto de expansión económica y demográfica que vivió Fuerteventura en esa centuria. Su construcción fue impulsada por los propios vecinos y formó parte de un proceso de reorganización eclesiástica en la isla, impulsado por el Plan de Reestructuración Parroquial de 1750, que dividió el territorio en cuatro parroquias, siendo Santa Ana una de ellas.

Aunque en 1744 las obras ya estaban muy adelantadas, no concluyeron hasta 1781, según reza una placa en su fachada. Hacia finales de siglo, el edificio fue objeto de una ampliación y reforma.

Exteriormente destaca su fachada de cantería negra vista, con una puerta rematada en arco de medio punto. La nave es alargada, con cubierta de teja a dos aguas, mientras que el presbiterio presenta una cubierta a cuatro.

En el interior, la techumbre de madera se apoya en una solera decorada y cuenta con tirantes pareados adornados con motivos geométricos. El presbiterio se cubre con una estructura ochavada sobre pechinas, adornada con un pinjante central. Entre los bienes que alberga, destaca un valioso grupo escultórico de Santa Ana y la Virgen.

Además de su valor arquitectónico, el templo tiene relevancia histórica por ser el lugar donde fue bautizado Fray Andresito, una de las figuras más queridas de la isla, el 18 de enero de 1800. Finalmente, la iglesia fue declarada Bien de Interés Cultural con categoría de monumento el 21 de junio de 1991.

La tradición de los tocadores de campanas

Entre las tradiciones más arraigadas de Casillas del Ángel destaca la figura de los tocadores de campanas, un oficio y un arte que ha pasado de generación en generación y que forma parte de la identidad sonora del pueblo.

Durante décadas, los repiques y toques de campana han marcado el pulso de la vida cotidiana: llamando a misa en la Iglesia de Santa Ana, anunciando acontecimientos importantes, guiando las procesiones o acompañando los momentos de luto y celebración.

Cada toque tenía un significado propio, un lenguaje que los campaneros del pueblo dominaban con maestría y que hacía “hablar” a las campanas.

Artículos periodísticos y la memoria oral de los vecinos han rescatado la importancia de estos repiques tradicionales, que convirtieron el campanario de Santa Ana en una voz capaz de congregar a toda una comunidad. Esta tradición, hoy valorada como patrimonio inmaterial, conecta el presente con siglos de historia viva.

La Casa de los Rugama: hacienda señorial en el corazón de Fuerteventura

En la entrada de Casillas del Ángel se alza la Casa de los Rugama, una de las muestras más representativas de la arquitectura tradicional majorera de carácter aristocrático.

Esta emblemática construcción perteneció a una de las familias más influyentes de la zona, destacando entre sus miembros Lázaro Rugama Nieves, primer alcalde del municipio independiente de Tetir en 1834, y Francisco Rugama, conocido por su enfrentamiento con el doctor Mena.

El conjunto arquitectónico constituye un magnífico ejemplo de hacienda rural del siglo XVIII, donde además del edificio principal cobran especial relevancia los elementos que lo rodean: pajeros, eras, gavias, nateros, coladeras y aljibes.

Toda esta infraestructura refleja una sociedad agraria volcada en el cultivo cerealista y completamente dependiente de las lluvias, lo que explica el sofisticado sistema diseñado para aprovechar al máximo el agua de lluvia.

La casona principal se organiza en torno a un patio cerrado por el sur, con forma de L. Las alas norte y este, las más nobles, presentan dos plantas rematadas con cubiertas de teja a dos y cuatro aguas, conectadas mediante un corredor cubierto típico de la arquitectura canaria. El balcón constituye otro de sus elementos más característicos, fiel a la tradición arquitectónica del archipiélago.

La historia de esta propiedad ha atravesado diversas vicisitudes desde el siglo XVII. En la segunda mitad del siglo XX llegó a encontrarse en estado de abandono, sirviendo incluso como corral de cabras cuando el Cabildo de Fuerteventura la adquirió a la Diócesis de Canarias en 1998. A pesar del deterioro de sus techumbres y paredes, los estudios técnicos confirmaron su viabilidad para una recuperación que permitiera conservar este valioso patrimonio isleño.

Casillas del Ángel deja de ser municipio en 1926

En 1926, una reorganización administrativa supuso un punto de inflexión en su historia: Casillas del Ángel fue disuelto como municipio y su territorio pasó a integrarse en el antiguo municipio de Puerto Cabras, hoy Puerto del Rosario.

Aunque perdió su autonomía política, el pueblo ha sabido conservar con notable integridad su patrimonio histórico, su identidad cultural y sus tradiciones. Entre ellas destacan las Fiestas de Santa Ana en julio, una de las devociones más antiguas de la isla, que combinan actos religiosos con celebraciones populares, así como las fiestas del Santo Ángel a finales de febrero y principios de marzo.

Hoy, Casillas del Ángel se presenta como un pueblo tranquilo integrado en Puerto del Rosario, que atesora entre sus calles la huella de un pasado en el que fue un importante núcleo religioso y un municipio clave en la articulación del interior majorero.

Su bien conservado patrimonio histórico-religioso, su paisaje rural y los vestigios de su arquitectura tradicional son testigos silenciosos de una época en la que este pueblo fue uno de los centros vitales de Fuerteventura.

Pero, sobre todo, Casillas del Ángel custodia en su memoria territorial y en prácticas como las apañadas celebradas en sus mancomunes costeros un vínculo directo y tangible con la cultura de los primeros habitantes de la isla, los mahos, haciendo de este pueblo un guardián activo de la identidad más profunda de Fuerteventura.

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Dirección (Abre Google Maps)

  • Calle Ent., 19, 35611 Casillas del Ángel, Las Palmas, España

Ubicación

Parque Escultórico

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