Playa de Los Molinos
Puertito de Los Molinos: tradición pesquera, hornos de cal y memoria costera en la costa occidental de Fuerteventura
Una aproximación a la larga duración histórica de un enclave marinero
El Puertito de Los Molinos es un pequeño y singular caserío costero perteneciente al municipio de Puerto del Rosario, situado en la costa occidental de Fuerteventura. Este enclave, resguardado por altos escarpes basálticos de más de 20 metros de altura, constituye uno de los rincones más bellos de la isla para disfrutar de los atardeceres contemplando el mar. Su historia, profundamente ligada a la tradición pesquera, a la industria de la cal y al aprovechamiento de los recursos costeros, representa un capítulo esencial para comprender la vida marinera y las actividades económicas tradicionales de la costa majorera.
La geomorfología singular: una playa de tesoros escondidos
La playa de Los Molinos se localiza en una pequeña ensenada resguardada por altos escarpes basálticos. Su característica más singular es su naturaleza dual: la primera zona de contacto con la playa es un espacio de callaos gruesos (cantos rodados) que cubre buena parte de la misma. Sin embargo, cuando baja la marea, la naturaleza enseña su tesoro: una espectacular playa de arena fina, ideal para darse un chapuzón.
Este fenómeno convierte al enclave en un lugar de constante transformación, donde el mar revela y oculta sus secretos al ritmo de las mareas. El mar suele azotar esta parte de la isla con fuerza, siendo muy peligroso para el baño.
Las Mareas del Pino: un espectáculo natural
El fenómeno más curioso de este enclave sucede entre los meses de septiembre y octubre, cuando se producen las supermareas, conocidas en Canarias como las «Mareas del Pino». Durante estos días, la playa de Los Molinos se convierte en protagonista de la isla, atrayendo a miles de visitantes que acuden para ver uno de los espectáculos más impresionantes de Fuerteventura.
Durante las horas de bajamar, la línea de costa se retira lo suficiente como para dejar al descubierto unas espectaculares cuevas a las que se puede acceder caminando. Estas cuevas, que permanecen ocultas la mayor parte del año, vuelven a cubrirse con la pleamar, creando un ciclo natural que ha fascinado a generaciones de majoreros y visitantes.
Orígenes del poblamiento: pescadores, refugiados y «ranchitos»
La historia del Puertito de Los Molinos como núcleo habitado tiene sus raíces en el siglo XVIII, vinculada a un acontecimiento geológico de gran magnitud que transformó la vecina isla de Lanzarote.
Las erupciones volcánicas de Timanfaya en Lanzarote, que comenzaron en 1730 y se prolongaron durante seis años, expulsaron a miles de personas de sus hogares. Muchos de estos desposeídos se vieron obligados a emigrar no solo hacia Fuerteventura, sino al resto del mundo. En casos significativos, colaboraron en la fundación de ciudades como Montevideo, en el Río de la Plata, o San Antonio, en el sur de Texas.
El nomadeo de gentes y pequeñas embarcaciones por los distintos embarcaderos de la costa occidental de Fuerteventura propició el surgimiento de los primeros «ranchitos»: casas o cuartos donde guarecerse en los momentos de mar gruesa. El Puertito de Los Molinos fue uno de los asentamientos que surgieron de este proceso migratorio.
La actividad pesquera y marisquera
La presencia de pescadores en el Puertito de Los Molinos se consolidó a lo largo del siglo XIX. Estos pescadores utilizaban el enclave como base para sus actividades, que incluían tanto la pesca de bajura como el marisqueo.
Tenemos noticia documentada de esta actividad gracias al rescate ocurrido el 31 de agosto de 1901, cuando el pescador don Ambrosio Santana, residente del Puertito de Los Molinos, rescató de las aguas de la playa a los mariscadores Antonio y Luis Cabrera Llarena, de 11 y 7 años respectivamente. El primero fue encontrado ya cadáver, mientras que el menor fue rescatado con vida. Este trágico suceso desvela, además, la época del año en que se realizaban estas actividades y el nombre de uno de los más antiguos pobladores del puertito.
El Puertito constituyó, desde tiempos inmemoriales, un caserío utilizado por los pescadores de El Cotillo en su ir y venir hasta Morro Jable, siendo un punto estratégico en la navegación de cabotaje de la costa occidental majorera.
La industria de la cal: hornos y exportación
Junto a la tradición pesquera, el Puertito de Los Molinos desarrolló una importante actividad industrial vinculada a la producción de cal. El Puerto de Los Molinos ya aparece en la cartografía del siglo XVIII y, desde finales del siglo XIX, se consolidó como un punto de exportación de piedra de cal, yeso y derivados.
De aquella época son los hornos de cal que aún pueden verse en las zonas altas de la localidad. Estos hornos, testimonio de una industria tradicional que alcanzó su auge a principios del siglo XX, constituyen un patrimonio etnográfico de primer orden. La cal producida en Los Molinos era fundamental para la construcción tradicional majorera, utilizándose tanto para la argamasa como para el característico encalado de las viviendas.
El Cabildo de Fuerteventura, tras su creación en 1913, reputó como suyas las exacciones que se cobraban por la exportación e importación de productos realizada por los puertos y costas de la isla. El Puertito de Los Molinos, por el que se verificaba una importante exportación de piedra de cal, yeso y derivados, fue objeto de control tanto por el Ayuntamiento de Casillas del Ángel como por el recién creado Cabildo.
Movimiento comercial
Entre 1912 y 1918 se produjeron movimientos comerciales de bienes inmuebles en la playa de Los Molinos: se compraban y vendían casas, cuartos y hornos. Esta actividad denota la vitalidad del caserío y su importancia económica en aquellos años.
El proyecto visionario de Gustav Winter: la central eólica
Uno de los episodios más fascinantes de la historia de Los Molinos es el proyecto impulsado por el alemán Gustav Winter. En 1938, décadas antes de que se construyera en Fuerteventura la primera central eléctrica, Winter proyectó la construcción de una central eólica en Los Molinos.
Las características técnicas del proyecto eran notablemente avanzadas para su época:
- Capacidad: 500-650 kW/hora
- Planta eléctrica de reserva: con una potencia de 500 caballos de vapor
Este proyecto visionario, que no llegó a materializarse, evidencia el potencial energético de esta costa majorera y la capacidad innovadora de ciertos actores en la isla durante el período de entreguerras. El nombre de «Los Molinos» cobra así una nueva dimensión, vinculada no solo a la posible existencia de molinos hidráulicos en el pasado, sino a la aspiración de aprovechar la fuerza del viento para la generación de electricidad.
La presa de Los Molinos: infraestructura hidráulica
La zona de Los Molinos fue revitalizada en el siglo XX por las obras impulsadas por el Mando Económico de Canarias, entre las que destacó la construcción de la presa de Los Molinos. Esta infraestructura hidráulica, destinada a la retención de agua de escorrentía, permitió el desarrollo agrícola en los tableros cercanos.
A partir de 1950 y durante la década de 1960, se sumó a las actividades económicas tradicionales la plantación de tomates para la exportación, ocupando los tableros de Los Opares y Los Molinos. Estas plantaciones se regaban con las aguas de la presa, constituyendo un importante foco de empleo y actividad económica en la comarca.
La Virgen del Carmen: fiestas patronales
Si se desea conocer esta localidad en todo su esplendor, hay que acercarse durante sus fiestas patronales en honor a la Virgen del Carmen, que se celebran en torno al 16 de julio. Estas festividades representan la expresión más auténtica de la identidad marinera del puertito.
El oratorio dedicado a la Virgen del Carmen, aunque modesto, representa el arraigo de la fe marinera en este pequeño enclave. La Virgen del Carmen es tradicionalmente la patrona de los marineros, y su presencia en el puertito subraya la importancia de la actividad pesquera en la identidad de la comunidad.
Adscripción administrativa: de Casillas del Ángel a Puerto del Rosario
Los Molinos perteneció al extinto municipio de Casillas del Ángel hasta 1926, año en el que se agregó al municipio de Puerto de Cabras, hoy Puerto del Rosario.
Documentalmente, desde la fusión de los municipios de Puerto de Cabras y Casillas del Ángel, el nuevo ayuntamiento se ocupó de registrar las casas allí existentes por pura fiscalidad. Esta inclusión en los registros fiscales no solo ponía de relieve la propia existencia del núcleo poblacional, sino que también reconocía, en cierto modo, la existencia de propiedades privadas dentro de la finca comunal de Las Salinas y Jarugo.
Un reconocimiento en disputa
Las circunstancias administrativas del puertito no siempre fueron pacíficas. En 1930, Ramón Peñate Castañeyra, alcalde de Puerto de Cabras, se sorprendió cuando la Jefatura de Estadística quiso excluir al puertito so pretexto de que allí nadie vivía. Hubo que contestar que las actividades en dicho núcleo eran esporádicas, reconociendo tácitamente que estaban condicionadas por el estado de la mar.
Infraestructuras y servicios
A pesar de estas disputas, el Cabildo de Fuerteventura acordó facilitar fondos en cuantía de 200 pesetas para arreglar el camino que desde Tefía conducía al Puerto de Los Molinos. También por aquellos años se autorizó la construcción de un aljibe o depósito de agua para suministrar agua al caserío costero; agua de lluvia, porque el agua salobre del barranco no era potable en algunas épocas del año.
Continuidad histórica y memoria del territorio
El Puertito de Los Molinos representa un ejemplo significativo de continuidad histórica en la costa occidental de Fuerteventura. Desde el refugio de pescadores del siglo XVIII hasta el caserío de temporada actual, este enclave ha mantenido una presencia humana vinculada al mar y a los recursos del territorio.
Los restos de los hornos de cal testimonian una industria que fue motor económico durante décadas. Las fiestas de la Virgen del Carmen mantienen viva la devoción marinera. Las cuevas que se descubren durante las Mareas del Pino recuerdan la permanente transformación del paisaje costero. Y el proyecto visionario de Gustav Winter habla de una aspiración de modernidad que, aunque no se materializó, forma parte ya de la memoria del lugar.
La valorización de este patrimonio —natural, etnográfico, industrial e inmaterial— no es solo una cuestión de identidad, sino también una oportunidad para construir un futuro que integre el legado del pasado con las necesidades del presente, ofreciendo a visitantes y residentes un espacio donde la memoria del mar y la tierra se encuentran en un abrazo perpetuo.




