Para quien visita Fuerteventura por primera vez, el paisaje interior —árido, amplio y aparentemente silencioso— puede resultar desconcertante. Sin embargo, tras esas llanuras, barrancos y lomos se esconde una de las tradiciones culturales más antiguas y singulares de la isla: las apañadas, una práctica ganadera ancestral que sigue viva hoy y que ha sido declarada Bien de Interés Cultural Inmaterial.
¿Qué son las apañadas?
Las apañadas son encuentros colectivos en los que los pastores se reúnen para localizar, agrupar y ordenar el ganado caprino que vive en libertad —conocido como ganado de costa— y conducirlo hasta grandes corrales de piedra seca llamados gambuesas.
No se trata de una fiesta ni de un espectáculo, sino de una actividad esencial para el cuidado del ganado, transmitida de generación en generación desde época prehispánica, mucho antes de la llegada de los europeos a la isla.
Puerto del Rosario y la mayor concentración ganadera de la isla
Aunque Puerto del Rosario es hoy la capital administrativa de Fuerteventura, su municipio conserva la mayor concentración de actividad ganadera de toda la isla, especialmente en su amplio territorio rural: Tesjuate, La Ampuyenta, Tefía, Llanos de la Concepción, Casillas del Ángel y los grandes espacios de costa y medianías.
El municipio forma parte de la Mancomunidad Ganadera de Casillas, una de las cinco en las que se organiza tradicionalmente la ganadería majorera. Desde estos territorios se convocan y desarrollan numerosas apañadas a lo largo del año, lo que convierte a Puerto del Rosario en un núcleo clave para entender la ganadería tradicional de Fuerteventura.
Cómo se desarrolla una apañada
La apañada comienza antes del amanecer. Bajo la coordinación del comisionado de costa —la máxima autoridad tradicional en estas prácticas— los pastores se distribuyen por barrancos, lomos y montañas para ir cerrando el cerco.
Con ayuda de gritos, silbos, perros bardinos y la tradicional lata (palo del pastor), las cabras son guiadas poco a poco hasta la gambuesa.
Una vez dentro del corral, se realizan tareas fundamentales:
- Separación de cabras paridas y crías
- Identificación de propietarios
- “Ahijado”, para reconocer qué cría pertenece a cada madre
- Marcaje tradicional del ganado
- Selección de animales para ordeño o retirada de la costa
Todo este proceso se rige por normas consuetudinarias, respetadas desde hace siglos.
Las marcas, la identidad del ganadero
Cada ganadero posee una marca propia, única en toda la isla, que se transmite dentro de la familia. Estas marcas —antiguamente realizadas con cortes en orejas o cara— están registradas oficialmente en los ayuntamientos y forman parte de un sistema de identificación tradicional que es, en sí mismo, un patrimonio cultural.
Un legado aborigen que sigue vivo
Las apañadas hunden sus raíces en la cultura de los antiguos mahos, los habitantes prehispánicos de Fuerteventura. De hecho, las gambuesas son posiblemente las únicas construcciones aborígenes del Archipiélago que continúan utilizándose para el mismo fin para el que fueron creadas.
El vocabulario asociado —baifo, gambuesa, jaira, teberite, lata—, los gestos, los recorridos y el conocimiento del terreno conforman un saber colectivo profundamente ligado al paisaje.
Patrimonio cultural protegido
En abril de 2024, a iniciativa del Cabildo de Fuerteventura, las apañadas fueron reconocidas oficialmente como Bien de Interés Cultural Inmaterial en la categoría de conocimientos y usos relacionados con la naturaleza, el cielo y el mar.
Este reconocimiento protege no solo la práctica, sino también el conocimiento, los valores comunitarios y la identidad que la rodean.
Por qué es importante para el visitante
Conocer las apañadas permite al visitante entender la Fuerteventura más profunda, la que no se explica solo con playas y volcanes. En municipios como Puerto del Rosario, la ganadería no es pasado: es patrimonio vivo, paisaje cultural y memoria colectiva.
Observar una gambuesa, recorrer los caminos ganaderos o escuchar a un pastor hablar de su marca es acercarse a una forma de vida que ha modelado la isla durante siglos y que hoy sigue definiendo su identidad.



