Barriada de Nuestra Señora del Carmen
La barriada de Nuestra Señora del Carmen es uno de esos lugares que permiten entender cómo creció y se organizó la capital majorera a lo largo del siglo XX. Se trata de la primera promoción de viviendas sociales del antiguo Puerto Cabras, nombre que recibió la ciudad hasta 1956, y constituye hoy un pequeño testimonio urbano de la historia cotidiana del municipio.
Su origen se remonta a 1944, cuando el Ayuntamiento de Puerto Cabras adquirió los terrenos a doña Josefa Castañeyra Carballo para destinarlos a un ambicioso proyecto de vivienda. Estos solares fueron cedidos al Mando Económico de Canarias, la institución encargada de ejecutar la construcción de este grupo de casas, dentro de una política estatal orientada a garantizar alojamiento a familias con menos recursos en un contexto de posguerra.
El resultado fue un conjunto de 12 viviendas conocidas como “casas baratas”, levantadas con una arquitectura sencilla, funcional y reconocible, muy similar a la de otras promociones impulsadas en Canarias durante aquellos años. Esta tipología llegó a generar incluso un estilo propio, identificado por muchos como parte de la llamada “arquitectura del Mando Económico”.
Las casas, ninguna de ellas superior a los 80 metros cuadrados, estaban pensadas para la vida familiar y contaban con salón, dormitorios, cocina, comedor, baño y pasillo. Su coste total de construcción ascendió a 335.806 pesetas, una cifra modesta incluso para la época, lo que permitió ofrecerlas en régimen de alquiler por 23 pesetas mensuales, un importe simbólico con el que se buscaba facilitar el acceso a la vivienda.
Los contratos se firmaron el 20 de marzo de 1944, aunque los primeros vecinos comenzaron a ocuparlas entre 1945 y 1947. La adjudicación no era aleatoria: se priorizaba a excombatientes de la Guerra Civil, personas mutiladas en el conflicto o familiares directos de militares fallecidos. En concreto, cuatro viviendas fueron asignadas a excombatientes, dos a mutilados de guerra, tres a viudas o padres de soldados fallecidos y las tres restantes quedaron para turno libre.
Hoy, pasear por la barriada de Nuestra Señora del Carmen es recorrer un espacio tranquilo y plenamente integrado en la ciudad, donde la vida cotidiana convive con la memoria histórica. Un rincón poco conocido para el visitante, pero ideal para descubrir cómo Puerto del Rosario empezó a construirse como ciudad moderna, barrio a barrio, desde lo más esencial: el hogar.




