Playa de Puerto Lajas
Puerto Lajas: tradición marinera, hornos de cal y huella aborigen en la costa de sotavento
Una aproximación a la larga duración histórica de un pueblo costero
Puerto Lajas es una pequeña localidad costera situada en la costa de sotavento del municipio de Puerto del Rosario, a unos 3 kilómetros al norte de la capital insular. Este tranquilo pueblo marinero permite contemplar el amanecer y disfrutar de un entorno de calma. A Puerto Lajas se viene a desconectar, a practicar surf o windsurf, a ver mecerse las barcas de los pescadores, a bañarse en su cala y a disfrutar de unas ricas tapas frente al mar.
Su historia, profundamente ligada a la presencia aborigen primero y a las tradiciones pesqueras, cerealistas y caleras después, representa un capítulo esencial para comprender la ocupación humana de la costa majorera y la evolución de los pequeños puertos secundarios de la isla.
El territorio maho: primer contacto y huella aborigen
Un punto de llegada de los antiguos mahos
Los mahos llegaron a Fuerteventura en varias etapas, procedentes en su mayor parte de las costas norteafricanas. Al parecer, el punto desde el que iniciaron sus desplazamientos a Canarias estaba en las proximidades de la desembocadura del río Drâa, junto al cabo Nun. Tomaron contacto con Fuerteventura, la isla más cercana, a través de diversos bajíos de fácil desembarco. Entre estos puntos estaban Puerto Lajas, Playa Blanca y zonas costeras de Tuineje.
El hecho de ser uno de los primeros enclaves donde los mahos tomaron tierra tuvo su reflejo en el territorio. Dejaron su impronta en forma de petrograbados, manifestaciones prehispánicas que aún pueden contemplarse en Puerto Lajas.
Los grabados rupestres: canalillos y cazoletas
Las manifestaciones rupestres de Puerto Lajas consisten fundamentalmente en canalillos y cazoletas. Se ubican muy próximos a la línea de costa, afectándoles los cambios de subida y bajada de las mareas.
Este tipo de grabados consiste en pequeños oquedales, de no más de 20 centímetros de profundidad, tallados en las rocas con forma cóncava. A veces, cuando las cazoletas están cerca del mar, se llegan a confundir con las que se moldean de manera natural por la prolongada acción erosiva de un guijarro sobre la roca.
Las «lajas»: una cantera aborigen
Si algo caracteriza a Puerto Lajas es el pequeño aterrazamiento de piedra viva en su litoral, origen de su toponimia. Diversos historiadores y arqueólogos, entre los que se encuentra Antonia Perera Betancor, abogan porque estas «lajas» fueron realizadas de forma intencionada por los mahos. Constituían una pequeña cantera de la cual extraían largas y estrechas piedras, que utilizaban posteriormente para fabricar los dinteles de sus viviendas.
Esta idea no es desdeñable, pues a escasos metros, tierra adentro, todavía quedan restos de un asentamiento aborigen que corroboran la presencia estable de población indígena en este enclave costero.
La atalaya de Timanaire: vigilancia costera
Tras la conquista franco-normanda y la desaparición de los asentamientos aborígenes, los colonos castellanos siguieron haciendo uso de diversas «infraestructuras» y tradiciones que dejaron los mahos. Entre ellas destacan los oteaderos, puntos de observación de la costa utilizados para la vigilancia y la defensa del territorio.
La atalaya que vigilaba Puerto Lajas se localizaba en la montaña de Timanaire, desde donde se dominaba visualmente este tramo de la costa de sotavento.
Puerto Lajas en la cartografía histórica
Puerto Lajas ya aparece en el mapa de Torriani de 1592, nombrado como «Puerto de Lajas cala». Sin embargo, debido a su pequeño tamaño, a la falta de agua potable y a su cercanía a Puerto Cabras, que concentraba las funciones portuarias principales de la zona, este enclave fue relegado a ser un puerto secundario. De hecho, no se nombra en los Acuerdos del Cabildo insular, lo que refleja su escasa relevancia institucional en comparación con otros puertos de la isla.
Esta condición de puerto menor condicionó su desarrollo histórico, manteniéndolo como un pequeño núcleo pesquero y artesanal al margen de los grandes flujos comerciales.
La molina de Puerto Lajas: industria cerealista
En cuanto al mundo del cereal, como testigo mudo de una industria floreciente, queda en pie la molina de Puerto Lajas. Esta molina era propiedad de Antonio Alonso. Se emplazó, en un principio, en el centro del pueblo, pero a los pocos años la trasladaron a su ubicación actual, un poco más hacia el sur, un lugar con mayor circulación de vientos.
Esta molina representa la importancia de la tradición cerealista en la economía de Puerto Lajas, que combinaba las actividades pesqueras con el procesamiento del grano para la producción de gofio.
Las maretas: sistemas de captación de agua
Respecto al agua «potable» de Puerto Lajas, existe una curiosa referencia. Los franceses Joseph Pitard y Louis Proust, a comienzos del siglo XX, en su visita por Fuerteventura, anotaron que los vecinos de Puerto Lajas:
«han edificado alrededor de su casa unos pequeños hoyos en la tierra, cubiertos de una piedra labrada en forma de cubeta, de manera que no dejen escapar una sola gota de lluvia, en el momento que ella decide caer».
Estos depósitos, conocidos como maretas, solían tener un carácter comunal. Constituían una ingeniosa solución para la captación y almacenamiento de agua de lluvia en un territorio sin fuentes permanentes, permitiendo el asentamiento estable de población en este enclave costero que carecía de agua potable.
Los hornos de cal: patrimonio industrial
La industria de esta pequeña localidad costera era fundamentalmente la cerealista y la de la cal. Todavía quedan restos de hornos de cal en Puerto Lajas, testimonio de una actividad industrial tradicional que alcanzó su auge a finales del siglo XIX y principios del XX.
La cal producida en estos hornos era fundamental para la construcción tradicional majorera, utilizándose tanto para la argamasa como para el característico encalado de las viviendas. La presencia de hornos de cal en Puerto Lajas, junto con los del Puertito de Los Molinos, evidencia la importancia de esta industria en la costa del municipio capitalino.
La ermita y la devoción a la Virgen del Pino
Los orígenes de la devoción
Las fiestas patronales de Puerto Lajas se celebran el 12 de octubre, en honor a la Virgen del Pino, patrona también de la diócesis de Canarias. La devoción por la Virgen del Pino en Puerto Lajas viene de muy antiguo.
Una imagen con historia: de Sidi Ifni a Puerto Lajas
La talla de la Virgen de Nuestra Señora del Pino que cobija hoy la ermita de Puerto Lajas tiene una curiosa historia. Fue encargada al escultor imaginero José Armas Medina en 1946 para la ciudad de Sidi Ifni, colonia española por aquella época. Dicha imagen debía ser una copia de la talla de Nuestra Señora del Pino que se venera en el santuario de Teror, en Gran Canaria. Tallada en madera y policromada, José Armas cobró 7.500 pesetas por su trabajo.
Cuando se produjo el traspaso del territorio de Sidi Ifni a Marruecos, la Virgen del Pino fue llevada a Fuerteventura en 1965 y entronizada en Puerto Lajas, sustituyendo a otra imagen que se veneraba desde los años 40 del siglo XX.
El origen de la fecha del 12 de octubre
¿Por qué, si la patrona de Puerto Lajas es la Virgen del Pino (cuya festividad es en septiembre), no se celebran sus fiestas en ese mes? La respuesta es sencilla y curiosa. El párroco Leonila Molina, artífice de que estas fiestas se celebren el 12 de octubre, pensó que la imagen que trajeron de la excolonia pertenecía a la Virgen del Pilar, cuya festividad es el 12 de octubre. Así que el párroco siguió adelante con su idea: que, al terminar las fiestas de Puerto del Rosario (en torno al 11 de octubre), comenzaran las de Puerto Lajas, fuera el día del Pino o no.
La ermita
La ermita fue costeada por los vecinos del pueblo e inaugurada el 12 de octubre de 1966. Este templo, construido por suscripción popular, representa un ejemplo de la colaboración comunitaria para dotar al pueblo de los servicios religiosos necesarios.
Las fiestas patronales de Puerto Lajas, celebradas en torno al 12 de octubre, son un momento de encuentro, devoción y celebración que refuerza la identidad colectiva del pueblo.
Adscripción administrativa: de Tetir a Puerto del Rosario
Puerto Lajas perteneció, en sus inicios, al municipio de Tetir, una de las entidades municipales tradicionales de Fuerteventura que agrupaba diversos núcleos rurales del interior y la costa norte de la isla.
Se incorporó al municipio de Puerto del Rosario (entonces denominado Puerto Cabras) el 24 de junio de 1925, antes incluso de la reorganización administrativa de 1926 que supuso la disolución del municipio de Casillas del Ángel. Esta incorporación temprana al municipio capitalino determinó su desarrollo posterior, vinculándolo administrativamente al creciente núcleo urbano de Puerto Cabras.
Patrimonio natural: fósiles marinos y avifauna
Puerto Lajas atesora un rico patrimonio natural, tanto de fósiles marinos como de avifauna. Hasta esta parte de la costa recalan, para alimentarse, una gran variedad de aves migratorias, convirtiendo el enclave en un punto de interés para los amantes de la ornitología.
Los acantilados y la franja litoral conservan restos fósiles que testimonian la historia geológica de la isla y los cambios del nivel del mar a lo largo de los milenios.
La extracción de arenas
Una de las agresiones más graves que ha sufrido el litoral de Puerto Lajas fue la extracción de arenas de su fondo marino —por no decir expoliadas— que se llevaron a Marruecos para la construcción de diversas infraestructuras. Esta actividad causó un importante daño ecológico y paisajístico, cuyas consecuencias aún perduran.
Puerto Lajas en la actualidad: tradición y modernidad
Hoy, Puerto Lajas es un destino muy apreciado tanto por residentes como por visitantes. La cala, resguardada y de aguas tranquilas, es ideal para el baño. Las condiciones de viento la convierten en un lugar adecuado para la práctica de surf y windsurf.
El paseo marítimo, con sus restaurantes y chiringuitos, permite disfrutar de la gastronomía local frente al mar, con pescado fresco como protagonista.
La tranquilidad del pueblo, unida a su riqueza histórica y natural, lo convierte en un lugar ideal para desconectar, pasear, contemplar los atardeceres y sumergirse en la historia de una costa que fue punto de llegada de los primeros pobladores de la isla.
Continuidad histórica y memoria del territorio
Puerto Lajas representa un ejemplo fascinante de larga duración histórica en la costa majorera. Desde los primeros mahos que tomaron tierra en sus bajíos hace más de dos milenios, pasando por los colonos castellanos que utilizaron sus atalayas y sus calas, hasta los pescadores y veraneantes de hoy, este enclave ha mantenido una relación estrecha con el mar y con sus recursos.
Los petrograbados y la cantera de lajas testimonian la presencia y el ingenio de los antiguos pobladores. La atalaya de Timanaire habla de la necesidad de vigilancia y defensa del territorio. Las maretas, los hornos de cal y la molina reflejan una economía diversificada —pesca, agricultura e industria— adaptada a las condiciones de un puerto secundario pero activo. Y la ermita y su curiosa historia reflejan la fe, la memoria y la capacidad de una comunidad para construir sus propios espacios de identidad.
En sus rocas con cazoletas, en su molina, en sus hornos de cal, en su ermita, en sus maretas y en la memoria de sus gentes, Puerto Lajas continúa escribiendo su historia, esa larga historia que comenzó cuando los primeros mahos divisaron sus costas desde sus embarcaciones y que, transformada pero no extinguida, sigue viva en esta pequeña cala de la costa de sotavento de Fuerteventura.
