Antes de llamarse Puerto del Rosario, la actual capital majorera fue conocida durante siglos como Puerto de Cabras, un topónimo ligado de forma directa a su relación con el mar, el comercio y la historia económica de Fuerteventura. Conocer Puerto de Cabras es comprender cómo un pequeño fondeadero costero acabó convirtiéndose en el principal núcleo urbano y administrativo de la isla.
Un puerto natural desde el siglo XV
La bahía de Puerto de Cabras fue utilizada desde el siglo XV como refugio natural para embarcaciones y punto de escala para el aprovisionamiento de agua, víveres y ganado. No existía entonces un asentamiento estable, ya que el entorno carecía de pastos y presentaba suelos pobres, arenosos y salinos, poco aptos para la agricultura.
Durante siglos, este enclave sirvió como puerto ocasional, especialmente en épocas en las que otras zonas de la costa resultaban más expuestas o peligrosas. El temor a los ataques berberiscos hizo que muchos barcos evitaran esta costa oriental, prefiriendo puertos más protegidos como los de la costa oeste. Aun así, Puerto de Cabras nunca dejó de ser un punto estratégico.
Las primeras casas y el nacimiento del pueblo
Las primeras construcciones estables en torno a la bahía datan de 1795, marcando el inicio del crecimiento del núcleo poblacional. A comienzos del siglo XIX, Puerto de Cabras seguía siendo un lugar modesto, formado por casuchas de barro y piedra, con una población que apenas superaba el medio centenar de habitantes.
Sin embargo, su situación geográfica y su conexión con el comercio marítimo hicieron que, poco a poco, comenzara a ganar importancia frente a otros puertos de la isla.
El auge comercial del siglo XIX
El gran impulso de Puerto de Cabras llegó durante el siglo XIX, cuando se consolidó como puerto exportador de productos clave de la economía majorera:
- Barrilla
- Cereales
- Cochinilla
- Cal
En las inmediaciones del puerto se instalaron hornos de cal y se desarrolló una intensa actividad comercial. Este crecimiento económico atrajo población, comerciantes, viceconsulados y servicios, provocando un notable avance demográfico y social.
En 1834, Puerto de Cabras se emancipó del municipio de Tetir y se constituyó como municipio propio, formándose su primer ayuntamiento en 1835. A mediados del siglo XIX, el núcleo ya había alcanzado la capitalidad insular, convirtiéndose en el centro político y administrativo de Fuerteventura.
El muelle y las grandes infraestructuras
Entre 1890 y 1895 se construyó el muelle municipal, financiado por la burguesía comercial local, una infraestructura decisiva para el desarrollo del puerto. Posteriormente, en las primeras décadas del siglo XX, se ampliaron las instalaciones portuarias y se ejecutaron obras fundamentales como el depósito de aguas de La Charca, que mejoró el abastecimiento de la población.
A pesar de estos avances, Puerto de Cabras también sufrió periodos de declive, especialmente a causa de las sequías prolongadas, las plagas y la emigración masiva de majoreros hacia América.
De Puerto de Cabras a Puerto del Rosario
En 1956, el municipio adoptó oficialmente el nombre de Puerto del Rosario, en referencia a la devoción a la Virgen del Rosario, patrona de la localidad. El cambio de nombre simbolizó una nueva etapa, más urbana e institucional, sin romper con el pasado marinero que dio origen a la ciudad.
Desde principios del siglo XX, Puerto del Rosario alberga la sede del Cabildo Insular de Fuerteventura, consolidando su papel como capital administrativa de la isla.
Un legado visible en la ciudad actual
Hoy, el antiguo Puerto de Cabras sigue presente en la traza urbana, en su relación directa con el mar y en espacios como el puerto, la avenida marítima y el casco histórico. Pasear por Puerto del Rosario es recorrer la evolución de un pequeño embarcadero ganadero hasta una capital moderna, abierta y dinámica.
Puerto de Cabras, memoria viva del mar
Puerto de Cabras no es solo un nombre antiguo: es la memoria fundacional de la capital de Fuerteventura. Un lugar nacido del mar, forjado por el comercio y la resistencia en un territorio duro, que supo transformarse con el tiempo sin perder su esencia. Conocer su historia es entender el alma de Puerto del Rosario y su estrecha relación con el océano Atlántico.

